Merecer el respeto o exigir el respeto

Por: Mgter. Marita J. (21 de marzo del 2025)
Nuestras abuelas lo tenían muy claro: en el momento preciso en el que sus hijos (nuestros padres) les faltaban el respeto, habría la posibilidad de que volaran chancletas, recibieran un bofetón o nuestros padres estuvieran fulminados por las miradas.
Pero, ¿Cuál era la motivación de nuestros abuelos? ¿El deseo de exigencia o la meritocracia?
A pesar de no haber conocido a mi abuela, ya que falleció 1 año luego de mi nacimiento, siempre he sentido que la conocí gracias a todas las anécdotas que mi madre me ha contado respecto a ella y en mi imaginación mi abuela era una mujer aguerrida, con mucho carácter, al parecer terca y que no dudaba en darle un machetazo a cualquier mujer que quisiera meterse con mi abuelo. Era la que sostenía, por la fuerza de su carácter, el negocio familiar que mi abuelo dirigía. Cuando me cuentan de ella, entiendo mi terquedad de carácter y la de mi madre.
A pesar de que la mayoría hallamos gozado de abuelos respetables, hoy día que somos padres y madres, nos cuesta entender nuestro rol como padres y el rol de nuestros hijos; nuestro deber, con el deber de ellos. Y es que sí, merecemos respeto, pero también debemos exigir el respeto.
Perdemos la exigencia cuando con el ejemplo quedamos desnudos ante nuestras acciones, y es como la criptonita de super man, nos debilitados. Nos sentimos derrotados. Hoy día la sociedad a pesar de hablar de tolerancia se está derrotando a sí misma, la juventud en su mayoría está sin rumbo y los padres en la mayoría de los casos ya no saben qué hacer. ¿Dónde quedó el merecimiento?, y es que la derrota no nos empodera para el merecimiento.
Entonces sí, yo exijo respeto, pero debo dar ejemplo, y ajá, no somos perfectos, pero luchamos por ser mejores personas y por esto merezco el respeto.
Ser padres es una de las tareas más elevadas que el cielo ha designado para los seres humanos y tristemente se ha desvalorizado. Tenemos un deber, una responsabilidad para con nuestros hijos, para con la humanidad y para con el cielo que nos encomendó está labor, y debemos enfrentarla con responsabilidad. Y aquello que quiero hacer bien, lo leo, lo investigo, lo estudio, lo propongo y voy logrando.
Por tanto, los animo a meditar en el título de este artículo y que trabajemos juntos por una mejor recompensa: ver a nuestros hijos ser hombres y mujeres independientes y de bien para la sociedad.